El Heraldo
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Martes, Julio 15, 2014 - 00:04

Alemania y el fútbol total

La selección teutona ya no solo se destaca por la potencia de sus futbolistas, también sabe jugar colectivamente y ese fue el éxito para alcanzar el título en el Mundial de Brasil 2014.

Tenacidad, potencia y muy poco apego al brillo individual. La espina dorsal de Alemania es el equipo y la prueba está que un asistidor se puede convertir en goleador y viceversa.

Alemania terminó de bordar su cuarta estrella Mundial ante Argentina, dando muestras de ser un equipo que se conoce de memoria y que fue moldeado aprendiendo de las derrotas de antaño.

Desde el arquero Manuel Neuer, pasando por su capitán Philipp Lahm y hasta su goleador Miroslav Klose son intérpretes que tocan la misma música, sin usar partitura, una lección que no solo recibió Brasil cuando quedó atónito con el 7-1 en semifinales sino también Argentina.

El mejor ejemplo del fútbol total de Alemania lo desplegó precisamente en la final: Mario Goetze, titular al despuntar el torneo, perdió el puesto ante Klose. Sin embargo, el jugador del Bayern Munich apareció ante Argentina con el gol del triunfo tras reemplazar precisamente a Klose, el máximo goleador en la historia de los mundiales, y convertirse en el héroe. El gol fue a los 113 minutos.

Para cualquier técnico resultaría muy difícil sacar a un goleador histórico en una final mundialista. Pero no para Joachim Löw, que volvió a demostrar que la prioridad de su equipo es el sentido colectivo. Sale un goleador, entra un asistidor y la solidaridad entre los germanos no cambia. Por el contrario, se amplifica.

Y no solo eso, sino que el asistidor de Goetze fue otro suplente, Andre Schuerrle, una pequeña sociedad de dos jugadores suplentes que funcionan dentro de una gran compañía de 23 que le dieron a Alemania el honor de ser el primer europeo en ganar un Mundial en continente americano tras siete intentos frustrados.

Para más datos que calzan a la perfección cual es el espíritu alemán es que Schuerrle, delantero del Chelsea, terminó con tres dianas siempre arrancando desde el banco de suplentes.
Loew era un virtual desconocido para la afición cuando trabajó como asistente de Juergen Klinsmann en el Mundial de 2006, en el que Alemania perdió en semifinales siendo local. Pero después se ganó la reputación de ser el hombre de las ideas tácticas y terminó reemplazando en el puesto máximo al ahora timonel de Estados Unidos.

Amante del buen juego, del toque y la circulación, Löw siempre jugueteó con cambios que apuntaron a lo colectivo y no al lucimiento individual: arrancó jugando con Thomas Mueller como mediapunta y desplegó a Lahm en el medio campo. Pero tras sufrir contra Argelia en octavos, Loew recuperó a Klose como ariete, devolvió a Lahm al lateral y plantó un sólido centrocampo con Bastian Schweinsteiger, Toni Kroos y Sami Khedira. Ap